A través del Instituto de Ciencias Humanas, investiga prácticas de arte y cultura que emergen en los territorios como alternativas al modelo manicomial.
La Universidad Nacional de Villa María (UNVM), a través de su Instituto de Ciencias Humanas, lleva adelante el proyecto “Reformas en el campo de la Salud Mental en Latinoamérica: Sistematización de Experiencias de Arte y Cultura desde un Enfoque de Derechos Humanos”.
A partir del estudio y la sistematización de experiencias socioartísticas comunitarias, la iniciativa articula academia, territorio y cooperación regional entre casas de altos estudios de Argentina, Brasil y Uruguay. Desde un enfoque de derechos humanos, pone en el centro las prácticas territoriales, el cuidado comunitario, la participación social y el potencial transformador del arte y la cultura frente a las lógicas manicomiales.
El proyecto es dirigido por la docente y coordinadora de la Licenciatura en Terapia Ocupacional, Ana Heredia, y fue seleccionado por el Instituto de Investigación de la UNVM en el marco de la convocatoria a Proyectos Especiales de Investigación, Desarrollo e Innovación (PEIDI).
Además, es miembro fundadora del Centro de Estudios Latinoamericanos de Salud Mental y Derechos Humanos. En pos de su consolidación, este PEIDI se configura como la primera línea de investigación e incidencia sustentada en un diagnóstico crítico de los procesos de reforma en salud mental que atraviesan la región.

– ¿Cómo surge este proyecto y qué vacíos o urgencias a nivel regional motivaron su creación?
– Surge en el marco de un proceso de cooperación y articulación regional entre el Instituto de Ciencias Humanas de la UNVM, el Colectivo Crisálida -iniciativa extensionista de la Facultad de Ciencias de la Salud y Trabajo Social de la Universidad Nacional de Mar del Plata (UNMdP)- y el Programa APEX de la Universidad de la República (UDELAR – Uruguay).
La propuesta se inscribe en un diagnóstico del campo que busca reconocer los avances de la reforma psiquiátrica en la región, analizar los desafíos que plantea la creciente medicalización de la vida cotidiana y, sobre todo, pensar la salud mental desde las necesidades concretas de los territorios. En ese sentido, apuesta al fortalecimiento de dispositivos alternativos y prácticas comunitarias con perspectiva emancipadora.
Entendemos que los procesos de transformación de los servicios buscan modificar las relaciones de la sociedad con la idea de locura, promoviendo prácticas contra la exclusión y estrategias de inclusión social. Se trata de construir una perspectiva comunitaria que habilite espacios abiertos de cuidado y acompañamiento, donde la participación colectiva, la cultura y el arte se conviertan en herramientas para el buen vivir y la integración social.
El equipo está integrado por investigadoras/es, docentes, estudiantes y profesionales de las tres universidades públicas, con la participación del Observatorio de Salud Mental y Derechos Humanos de la Provincia de Córdoba y el acompañamiento académico de Paulo Amarante, presidente de la Asociación Brasileña de Salud Mental (Abrasme).
– ¿Por qué resulta fundamental el estudio y la sistematización de experiencias socioartísticas comunitarias en el marco de las reformas en salud mental en Latinoamérica?
– Porque constituyen un insumo clave para comprender cómo se están transformando los modos de acompañar la salud mental en la región. Estas experiencias muestran que el abordaje no se limita al ámbito clínico, sino que también se construye en espacios comunitarios, culturales y artísticos donde se generan vínculos, se fortalecen redes de cuidado y se promueven formas de participación social.
Nuestro interés es mapear y caracterizar estas prácticas para generar aportes concretos a las políticas públicas y, al mismo tiempo, dar visibilidad a iniciativas que muchas veces permanecen invisibilizadas en los debates institucionales.
A través de la sistematización, buscamos reconocer su potencia transformadora y ofrecer herramientas que contribuyan a consolidar políticas más sensibles a las realidades territoriales y a las necesidades de las personas.
– ¿Qué aportan el arte y la cultura a los procesos de inclusión, cuidado y transformación del modelo manicomial?
– Habilitan espacios donde las personas pueden expresarse, crear y participar activamente en la vida comunitaria. A través del uso del tiempo libre, la recreación y la producción cultural, promueven la salud mental colectiva y previenen manifestaciones tempranas de malestar subjetivo.
Estas prácticas fortalecen vínculos, consolidan redes de apoyo y cuestionan las lógicas de aislamiento y exclusión históricamente asociadas al dispositivo institucional. Asimismo, transforman las representaciones sociales de la locura y desafían el estigma y la discriminación.
Visibilizar narrativas alternativas contribuye a la reforma del modelo manicomial al demostrar que la salud mental puede abordarse desde prácticas abiertas, participativas y situadas en los territorios. En este marco, el arte y la cultura reconocen a las personas como sujetos de derechos y protagonistas de experiencias colectivas.
– ¿Cuál es el impacto esperado en las políticas públicas y en el fortalecimiento de las organizaciones y colectivos comunitarios?
– El proyecto se encuentra en una fase avanzada que incluye el procesamiento de datos obtenidos y el análisis de experiencias de Argentina, Brasil y Uruguay.
Hasta el momento ha superado el alcance inicial y proyectamos la elaboración de una publicación abierta y accesible que reúna los resultados, constituyéndose en un aporte tanto para equipos de salud general como para organizaciones comunitarias de la región.
Esperamos un doble impacto. En el plano institucional y político, aportar evidencia y sistematización que sirvan como insumo para el diseño de políticas públicas más sensibles a las realidades territoriales. En el plano comunitario, fortalecer a organizaciones y colectivos mediante la visibilización de sus experiencias y la generación de recursos que potencien sus prácticas de cuidado e inclusión.
Este esfuerzo responde también a uno de nuestros principales desafíos: acercar la universidad a los territorios y promover un diálogo real entre la producción académica y las necesidades de las comunidades.
– ¿De qué manera estos resultados contribuirán a fortalecer el trabajo cotidiano del Instituto de Ciencias Humanas con instituciones, organizaciones y comunidades del territorio?
– Consideramos que este proyecto es estratégico para el Instituto por múltiples razones. En primer lugar, fortaleció los espacios de prácticas profesionales y generó insumos valiosos para equipos de salud y salud mental. Además, contribuyó a posicionar al Instituto como referente regional en la producción y sistematización de conocimiento.
Las redes construidas amplían la incidencia institucional y facilitan el trabajo conjunto con diversos actores comunitarios.
Además, para quienes integramos el Centro de Estudios Latinoamericanos de Salud Mental y Derechos Humanos, el proyecto representa la consolidación de redes que permiten que la transferencia de la investigación sea real, sostenida y ajustada a las necesidades actuales de nuestras sociedades. En este proceso, el Instituto de Ciencias Humanas cumple un rol clave como articulador.
Importancia del PEIDI
Los Proyectos Especiales de Investigación, Desarrollo e Innovación (PEIDI) forman parte de la política institucional del Instituto de Investigación de la UNVM y buscan promover nuevos conocimientos y/o tecnologías que respondan a las necesidades sociales y problemáticas emergentes de la ciudad y la región.
Se trata de una iniciativa cofinanciada por la casa de altos estudios local y organismos e instituciones del sector público o privado que fomenta la transferencia de resultados, la originalidad y la articulación interdisciplinaria entre equipos de investigación y extensión
Resulta preciso destacar que el proyecto dirigido por Heredia resultó seleccionado en el marco de la convocatoria 2026 para implementar una segunda línea de investigación orientada al estudio de la red de dispositivos de cuidado en salud mental.