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Las Jornadas de Investigación en Arte dieron marco a la presentación de un estudio en curso sobre obras musicales interpretadas por el Grupo Vocal Argentino durante el período 1976 – 1990. La ponencia forma parte del proyecto de investigación “La performance como territorio de cruces desde la UNVM. Un camino hacia la memoria”.

Entre las numerosas violaciones a los derechos humanos durante la dictadura militar en Argentina se inscriben, en un capítulo especial, las prohibiciones de canciones y persecuciones a artistas de nuestro país.

El decir clausurado de innumerables creaciones folclóricas fue eje de trabajo de una investigación presentada por docentes e investigadoras de la Universidad Nacional de Villa María (UNVM). “Rescatarlas, darles luz, hacerlas regresar”; una tarea que se expuso y compartió durante las Jornadas de Investigación en Arte llevadas a cabo en la casa de altos estudios. Y, aunque algunas de estas canciones volvieron a sonar en la década del 90’, la Universidad Pública asumió el compromiso de dar a conocer qué fue lo que sucedió con ellas. Su censura y posterior resurgimiento en el trabajo “Memorias del folclore vocal argentino: analizando composiciones silenciadas en 1976″, a cargo de la magister Cristina Gallo y las licenciadas Laura Alberti y Marianela Bordese.

Es cierto que algunas de las canciones nunca volvieron a sonar aquí porque sus creadores debieron exiliarse. Asimismo, en este desplazamiento forzoso, como contrapartida la música nacional se difundió en otras partes del mundo. “Así se generó un movimiento en Europa que se enriqueció por el contacto con otros grupo musicales que convivían fuera del país”, reflexionó Cristina Gallo y aseguró: “la dictadura marcó un antes y un después en el folclore porque determinado desarrollo que podría haberse dado antes, quedó marginado, pero luego emergió como un movimiento muy fuerte en nuestro país”.

Una de las estrategias de los conjuntos musicales, según comentaron las autoras de la investigación, fue la posibilidad de rearmarse bajo otros nombres y, de esta manera, seguir trabajando con otros repertorios.

A su vez, este período sirvió de ventana para expresar lo que experimentaba la sociedad en aquellos años; “el folclore tuvo un desarrollo importante en cuanto a la masividad, ya que el tango estaba en una especie de meseta y, el rock, apenas estaba surgiendo. Aunque también fue silenciado y perseguido”, manifestó Gallo.

Este folclore más masificado convivía con otra expresión del mismo género, pero que se diferenciaba no solo por la temática sino por la interpretación. Allí la investigadora ejemplificó mencionando al “nuevo cancionero (principalmente en Mendoza) y a los coros vocales surgidos principalmente de las universidades nacionales”.

En relación a la investigación, Gallo comentó que trabajan sobre un grupo que se inició en el año ‘74 con grabaciones de obras de Atahualpa Yupanqui. “Esas canciones -puntualizó- volvieron a escucharse recién en los años 90”. “Queremos revalorizar no solo la música sino lo sucedido con estos coros, fundamentalmente los de las universidades nacionales que tuvieron serios problemas durante esta época”, remarcó.

A modo de cierre las investigadores subrayaron: “consideramos que investigar sobre la producción de lo que llamamos folclore vocal de nuestro país implica hacer un aporte en la constitución de la identidad colectiva de nuestro país”.