Lo afirmó la docente e investigadora Fernanda Biolé, quien lidera un proyecto para generar información clave sobre peces, calidad del agua y uso sostenible del río.
¿Qué saben los pescadores sobre los peces que habitan el río Ctalamochita? ¿Es seguro consumirlos? ¿Cómo impactan los cambios ambientales en las especies que forman parte de este ecosistema? Estas son algunas de las preguntas que busca responder el proyecto de investigación y extensión Entre redes y ciencia: fortaleciendo vínculos para la pesca sostenible en el río Ctalamochita, dirigido por la docente e investigadora del Instituto de Ciencias Básicas y Aplicadas de la Universidad Nacional de Villa María (UNVM), doctora Fernanda Biolé.
La propuesta se desarrolla en articulación con la Fundación Río Ctalamochita y su principal objetivo es fortalecer el vínculo entre la comunidad científica y quienes conocen el río desde la práctica cotidiana: las y los pescadores.
“Buscamos acercarnos a la comunidad de pescadores e integrarlos a todo el proceso. No solo a la investigación, sino también a las acciones vinculadas al cuidado de las especies y del ambiente”, explicó Biolé.
La bióloga e investigadora señaló que el trabajo apunta a revalorizar la actividad pesquera en la región y promover prácticas que permitan conservar el recurso a largo plazo. En ese sentido, el concepto de pesca sostenible implica compatibilizar el aprovechamiento de los peces con su conservación, garantizando que las poblaciones puedan seguir reproduciéndose y manteniéndose en el tiempo.
“Para cuidar un recurso primero hay que conocerlo. Necesitamos saber cómo se comportan las especies, dónde se reproducen, cuáles son sus hábitos alimentarios y qué amenazas enfrentan”, agregó.
Del monitoreo ambiental al trabajo con pescadores
El proyecto se apoya en una línea de trabajo que el equipo de investigación desarrolla desde 2021 en distintos sectores de la cuenca media y baja del río Ctalamochita. Durante estos años realizaron monitoreos de calidad de agua y relevamientos de peces en localidades como Pampayasta, Villa María, San Marcos Sud, Villa Ascasubi, Almafuerte y Río Tercero.
A partir de esa experiencia surgió la necesidad de incorporar la mirada de quienes habitan y utilizan el río diariamente.
Según destacó Biolé, los pescadores han mostrado una permanente predisposición para colaborar con las investigaciones, aportar información sobre las especies y participar de distintas actividades. “Ellos conocen el río como nadie. Saben dónde están los peces, cuáles son los momentos de mayor actividad y cómo cambia el ambiente. Ese conocimiento es muy valioso y es un gran complemento para nuestro trabajo científico”, sostuvo.
La iniciativa prevé la realización de encuentros, talleres y actividades de intercambio de saberes, además de acciones orientadas a facilitar el acceso a información sobre normativas de pesca y conservación de especies.
Conocer para gestionar
Uno de los aspectos centrales del proyecto está vinculado con la generación de información científica que pueda contribuir a futuras estrategias de gestión y conservación de la cuenca.
Entre otras líneas de trabajo, el equipo estudia el comportamiento de especies emblemáticas como el dorado, cuya presencia en el Ctalamochita genera interés debido a los procesos de recuperación que se vienen observando en los últimos años. Las investigaciones buscan determinar si estas poblaciones logran reproducirse en distintos sectores de la cuenca, cuáles son sus migraciones y cómo interactúan con el ecosistema local.
“Con frecuencia se habla de proteger una especie o de regular una actividad, pero para tomar decisiones es necesario contar con información. Nuestro trabajo apunta justamente a obtener y recopilar esos datos que puedan servir como base para futuras acciones de gestión”, indicó la investigadora.
La calidad del pescado que llega a la mesa
Además de estudiar las poblaciones de peces y la calidad ambiental del río, el proyecto incorpora una dimensión vinculada directamente con la salud de las personas. En este sentido, el equipo analiza la presencia de distintos contaminantes en el agua y de qué manera estos pueden llegar a los peces, con especial atención en aquellos compuestos que podrían acumularse en los tejidos que luego son consumidos por la población.
“Queremos conocer cuál es la calidad del pescado que se consume en esta región. Es un aspecto sobre el que existe muy poca información en la cuenca media-baja del río y que resulta importante tanto para los pescadores como para quienes incorporan estos alimentos a su dieta”, explicó Biolé.
Para ello, además de los análisis de laboratorio, se realizarán encuestas destinadas a conocer los hábitos de consumo de pescado entre pescadores y habitantes de la región. Esta información permitirá estimar con mayor precisión posibles riesgos y generar conocimiento específico para el territorio.
Un trabajo colectivo
La propuesta involucra a docentes, investigadoras, investigadores y estudiantes de distintas carreras del Instituto de Ciencias Básicas y Aplicadas, entre ellas la Licenciatura en Ambiente y Energías Renovables, Ingeniería en Alimentos y Agronomía.
A su vez, articula acciones con organismos públicos, municipios, organizaciones sociales y otros grupos de investigación de la Universidad Nacional de Córdoba (UNC), la Universidad Nacional de Río Cuarto (UNRC) y la Universidad de Buenos Aires (UBA).
En este entramado de trabajo colaborativo, la Fundación Río Ctalamochita cumple un rol clave como organización adoptante del proyecto. Para su presidente, Diego Martín Colussi, la articulación con la UNVM resulta estratégica para generar conocimiento que trascienda el ámbito académico.
«No solo permite sumar capacidades y conocimientos, sino que le aporta al trabajo un fuerte respaldo institucional y científico. Cuando la información se genera bajo metodologías académicas, con protocolos definidos y el acompañamiento de una universidad, los datos adquieren mayor solidez, objetividad y credibilidad», afirmó.
Según explicó, ese respaldo científico es fundamental para que los resultados puedan convertirse en herramientas útiles para orientar políticas públicas y definir acciones de conservación. «Desde la Fundación aportamos el conocimiento del territorio y el vínculo con la comunidad; la Universidad aporta el rigor metodológico y la capacidad de investigación. La combinación de ambos genera un impacto mucho mayor que el trabajo aislado de cada institución», agregó.
Para Biolé, el valor principal del proyecto radica en la construcción colectiva del conocimiento. “La propuesta es que los pescadores no sean solamente destinatarios de los resultados, sino que formen parte del proceso. Cuando la comunidad participa en la obtención de la información también se fortalece el compromiso con el cuidado del ambiente y de los recursos que compartimos”, concluyó.
Cabe precisar que la investigación se desarrolla en el marco de los Proyectos Especiales de Investigación, Desarrollo e Innovación (PEIDi), impulsado por el Instituto de Investigación de la UNVM.