Derechos Humanos
“En el momento de la memoria están conjugados pasado, presente y futuro”
Lun, 04/12/2017 - 13:50

Así lo definió la doctora Elizabeth Jelin, autora de La lucha por el pasado, en el Congreso de Ciencia Política de la UNVM. “Hay distintos grupos que luchan por imponer a los otros sus versiones, es una lucha inacabada y permanente”, reflexionó.
 
Desde hace cuatro décadas, la doctora Elizabeth Jelin estudia y profundiza sobre las violaciones a los derechos humanos durante la última dictadura en Argentina. Considerada una pionera en los estudios sobre memoria, derechos humanos y política, propone en su último libro, La lucha por el pasado, reflexiones para construir “un horizonte democrático”.
 
Derechos humanos y memorias del pasado reciente en Argentina y el Cono Sur,  fue el eje de su presentación en el Congreso de Ciencia Política de la Universidad Nacional de Villa María (UNVM). Doctora en sociología, investigadora superior del Conicet y referente internacional en el tema asegura que “hablar de memorias significa hablar del presente”. 
 
-Usted hace referencia a que el pasado vuelve una y otra vez. ¿Cómo se reconfigura la memoria social en ese regreso permanente?
 
-En primer lugar hay que distinguir el pasado y la memoria. Las memorias tienen que ver con un presente. Recordamos y olvidamos hoy acerca de cosas que ocurrieron en el pasado. El pasado vuelve a través de la memoria que puede ser recuerdos, olvidos y silencios, porque no es sólo lo que se dice, sino también lo que se calla. A lo largo de la historia los pasados pueden volver de distintas maneras. Lo que a mí me interesa son las luchas que se dan en el presente acerca de los sentidos del pasado. Porque los pasados sociales y políticos nunca vuelven puros, limpios y con consenso. Sino que distintos actores sociales, distintos sectores políticos, en un escenario de luchas apelan al pasado para legitimar su acción y pedir un horizonte de futuro distinto. La expresión Nunca Más se dice en algún momento y vincula un “no queremos que se repita lo que ocurrió” en función de un futuro. Entonces en el momento de la memoria están conjugados pasado, presente y futuro.
 
-¿Qué sucede con los espacios de la memoria?
 
-Con respecto de los espacios físicos hay otra lógica de las conmemoraciones, los lugares, las fechas, los reservorios de los archivos. Ahí siempre son actores sociales que quieren conservar algo. Las cosas no se conservan porque sí, se vuelven ruinas y pierden sentido si no hay alguien que les dé un significado. El tema es que un lugar se torna significativo a partir del sentido que le dan los actores. La materialidad de los lugares cuenta porque hay acción social.
 
-¿Esa acción se ve amenazado por determinado clima de época?
 
-Hay varios puntos. Primero: qué es un lugar de memoria. Hay una tendencia que indica que el lugar de memoria es donde ocurrieron ciertos hechos, pero quién define qué hechos, hasta dónde, cómo. Hay lugares que pueden ser significativos donde no ocurrieron ciertos hechos, como un monumento o un museo. En primer lugar, cuán literal tiene que ser esta idea del sitio. Hay un mundo, lo que se llama museo de sitio, donde sí se recupera el lugar donde ocurrieron los hechos. El museo de la ESMA en Buenos Aires es específico y sólo trabaja lo que ocurrió en el Casino de Oficiales de ese lugar y no con la represión en general. En Córdoba la D2 o Campo de la Ribera son lugares que están recuperados en función de lo que ocurrió allí, no es una historia global de la dictadura y la represión en Argentina. La pregunta que nos hacemos. Cuando hubo procesos represivos extendidos e importantes como los que hubo en Argentina es si hay que recuperar todos los sitios o hay una política simbólica. Con los cambios de políticas puede haberlos. Sé que hay lugares donde había una cantidad importante de actividades que tienen presupuestos menores, pero los lugares no están destruidos.
 
-¿Qué sensación le produce cuando se habla del 2 x 1 o de revisar algunas condenas?
 
-Sabemos que hay avatares políticos y, en ese sentido, me interesa destacar que el pasado y la ilusión del futuro es siempre conflictiva. Hay distintos grupos que luchan por imponer a otros versiones de ese pasado, y además no hay un final. Es una lucha inacabada, permanente. En la medida que haya actores que sigan empujando, que sigan proponiéndose cosas, las posibilidades de llevar adelante actividades es mayor. Siempre hubo oposición, incluso en el momento donde había un relato dominante que reivindicaba a las víctimas y se proponía llevar adelante juicios había otras voces. El movimiento de memoria completa tiene una historia más larga y no empezó el 10 de diciembre de 2015.
 
-¿Cómo construimos la memoria social?
 
-En lucha y con sentidos que van cambiando en el tiempo. No se cristalizan, parece que lo están pero son procesos dinámicos y cambiantes. El gran cambio comienza cuando las nuevas generaciones se empiezan a hacer otras preguntas y lo hemos vivido con el surgimiento de HIJOS en la década del ’90. Lo vemos ahora cuando hijos de represores tienen un espacio más amplio para expresarse y confrontan con aquellos hijos de represores que reivindican el accionar de sus padres. Esas eran voces que no habíamos escuchado porque son procesos nuevos que tienen que ver con un mismo pasado que cobra otros sentidos en un escenario presente.


Compartí esta publicación