Llegó para estudiar Terapia Ocupacional. Se enamoró de una ciudad donde es posible “tomar mates afuera”.
Son 2906 kilómetros los que separan a Río Grande de Villa María. Dos ciudades muy distantes de nuestra extensa Argentina, pero hay vocaciones y sueños que no se miden por distancias, sino por deseos, una firme vocación profesional y un legado familiar al servicio del otro.
Abril Bucceta tiene 22 años y estudia Licenciatura en Terapia Ocupacional.
A través de un test vocacional, Abril reafirmó lo que intuía iba a ser su futura profesión. “Me dio Terapia Ocupacional y entonces empecé a averiguar adónde se dictaba la carrera y ahí me enteré que estaba en Villa María. Me tomé un avión y vine a conocer la UNVM”, cuenta la estudiante de 4° año sobre su acercamiento a la casa de altos estudios y a la ciudad.
Desde que llegó sintió que “éste era el lugar”. Se trasladó definitivamente e inició la carrera y, si bien no fue fácil, porque extrañaba a su familia sabía que en esta decisión “estaba cumpliendo su propósito”.
“Todo fue muy cálido”, recuerda. Además, fue un cambio total de vida: “Puedo salir a tomar mates afuera. Sentarme en el pasto”, dice y sonríe, al comparar la diferencia climática entre un lugar y otro.
La otredad como convicción
“Mi abuela fue una de las iniciadoras de un Centro de actividades para personas con discapacidad en Ríos Grande; allí también trabaja mi madre y anteriormente, mi papá. Por eso es una cuestión familiar. Yo crecí con eso, siempre sentí esa necesidad de ayudar a otros”, así define Abril el nacimiento de su vocación.
Considera también la amplia salida laborar de una carrera como Terapia Ocupacional, que no se acota únicamente en las cuestiones de rehabilitación.
“Te brinda un montonazo de opciones, es estar y acompañar a las personas que enfrentan alguna dificultad o barrera en las actividades de la vida cotidiana. Va mucho más allá de la rehabilitación física; abarca el desempeño en el día a día y la autonomía de la persona”, remarca.
Sobre su futuro profesional, cuenta que ha recibido ya muchas ofertas que impulsan su regreso al “sur sur”.
“Sé que allá la salida laboral es enorme y que hacen falta muchas terapistas ocupacionales, pero siento que las oportunidades y la calidad de vida que encontré acá son distintas”, reflexiona.
Todavía no sabe si algún día volverá definitivamente al sur. Por ahora, entre una clase, una práctica y unos mates al aire libre, Abril sigue construyendo su lugar en Villa María. A 2.906 kilómetros de Río Grande, pero cada vez menos lejos de casa.