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La trayectoria de Giuliana Dellamaggiore refleja cómo la universidad pública genera profesionales altamente capacitados para ocupar roles estratégicos en sectores clave de la economía argentina.

La transición entre la vida académica y el mundo profesional suele estar marcada por incertidumbres, búsquedas y aprendizajes que van mucho más allá de los contenidos teóricos.

Así lo refleja la experiencia de Giuliana Dellamaggiore, quien se graduó en 2025 de la Universidad Nacional de Villa María (UNVM) y hoy se desempeña en la Bolsa de Comercio de Rosario, uno de los espacios clave para el análisis económico y productivo del país.

En su paso por la casa de altos estudios cursó las Licenciaturas en Administración y en Economía dependientes del Instituto Académico Pedagógico de Ciencias Sociales (IAPCS). Especializada en el sector agroindustrial, actualmente se cumple funciones como Analista de Mercados en el área de Informaciones y Estudios Económicos en la BCR.

Lejos de limitar su paso por la universidad a lo estrictamente académico, destacó que su formación fue integral: “La universidad me formó tanto profesional como personalmente”. Experiencias como intercambios internacionales, tutorías, ayudantías de cátedra y becas le permitieron desarrollar habilidades fundamentales que hoy aplica en su trabajo cotidiano.

En el plano técnico, la combinación de sus estudios en Administración y Economía le brindó herramientas para analizar la realidad desde una perspectiva amplia y sistémica.

“Las dos carreras que estudié me dieron herramientas distintas que, combinadas, terminaron moldeando mi forma de ver y analizar la realidad. Lo noto en la capacidad de sistematizar mis tareas, pensar en términos de procesos, de manera integral, de comprender cómo las cosas se relacionan entre sí.”

Esa mirada integral se traduce en su labor diaria donde investiga, construye modelos y analiza el impacto de distintas variables en sectores productivos, especialmente en el agro. “La universidad me enseñó a cuestionar y a entender las limitaciones de cada herramienta. Eso me permite ser más consciente, crítica y humilde a la hora de sacar conclusiones, sin pretender certezas absolutas”, explicó.

Su camino profesional, sin embargo, no fue lineal ni predefinido. Durante sus primeros años como estudiante no tenía claro a qué quería dedicarse. Fue en el transcurso de la carrera cuando descubrió su interés por la Economía, particularmente en el análisis de cómo las políticas públicas y los precios influyen en las decisiones de siembra de los productores.

“Estando en tercer año de Administración me di cuenta de que la Economía me apasionaba. Empecé a investigar un tema que me parecía muy interesante: cómo ciertas variables de política económica y de precios afectan las decisiones de siembra de los productores. Variables que, en ocasiones, no dependen del mercado sino de decisiones de política que pueden alterar el rumbo de todo el sector más importante de la economía argentina. Entender ese mecanismo me parecía genuinamente relevante”, manifestó.

Ese interés se transformó en su Trabajo Final de Grado (TFG) denominado “Determinantes económicos de la siembra de maíz en la Zona Núcleo argentina: un análisis econométrico aplicado” y, posteriormente, en una línea de investigación presentada en la Bolsa de Comercio de Rosario, que hoy constituye el eje de su actividad profesional.

Al reflexionar sobre su etapa universitaria, reconoce que le hubiese resultado útil comprender antes el valor de la experiencia del trabajo de campo. “La práctica no compite con la teoría, la complementa”, sostuvo, subrayando que el contacto con situaciones reales permite internalizar más rápidamente los conocimientos.

Exigencia laboral en ascenso

En cuanto al mercado laboral, advirtió que cada vez es más competitivo y, por ende, las exigencias para los jóvenes profesionales son cada vez mayores. En ese sentido, indicó que contar con una formación de excelencia y seguir aprendiendo “no es un diferencial sino una necesidad”.

Si bien la formación técnica sigue siendo relevante, señaló que las habilidades blandas ocupan un lugar central: la comunicación, el trabajo en equipo y la capacidad de generar un buen clima laboral son aspectos altamente valorados. “Somos parte de un equipo, y todo lo que construya esa sinergia es enormemente valorado”, agregó.

Respecto a las herramientas necesarias, evita dar recetas universales. En un contexto donde la tecnología, incluida la Inteligencia Artificial (IA), facilita el acceso a conocimientos técnicos, remarcó que lo verdaderamente diferencial es la capacidad de análisis. “Lo que realmente marca la diferencia son las formas de pensar y de analizar la información: saber leer entre líneas, ser crítico con lo que uno consume y hacerse las preguntas correctas. En la era de la IA eso se vuelve más valioso que nunca, porque quién pregunta mejor, obtiene mejores respuestas.”, reflexionó la profesional.

Sobre el futuro del empleo en Argentina, identificó sectores con fuerte potencial como la energía, la minería, el agro y la industria del conocimiento. En particular, destacó el peso estructural del sector agroindustrial, que representa una porción significativa de la actividad económica, el empleo y las exportaciones del país. En un escenario de mayor estabilidad macroeconómica y buenos niveles de producción, aseveró que las oportunidades laborales tienden a expandirse.

El crecimiento constante como horizonte

A quienes aún transitan la universidad, les recomienda no apresurarse en definir su camino profesional. “No hay una única forma de hacer las cosas”, señaló. Su propia experiencia marcada por la exploración, el estudio de dos carreras y el acompañamiento de su entorno familiar demostró que los recorridos pueden ser diversos e igualmente válidos.

Finalmente, enfatizó en la importancia de la formación continua, capacitación y aprendizaje constantes, la participación en programas específicos, como los que ofrece la Bolsa de Comercio de Rosario, y la construcción de redes profesionales. “Actualmente podemos encontrarnos con infinitas fuentes de información disponible, de manera gratuita”. También resaltó valores como la resiliencia, la empatía, la capacidad de involucrarse activamente en distintos proyectos y construir vínculos genuinos.

“Cada paso fue necesario para llegar a donde estoy hoy”, concluyó, agradeciendo a la UNVM por “permitirme transitar todos los espacios que quise, darme la libertad y las herramientas para poder luchar por mis sueños” y a su entorno cercano por haber sido pilares fundamentales en su desarrollo.

Una historia que refleja cómo la educación pública, conjuntamente con la iniciativa personal, pueden abrir puertas y construir trayectorias sólidas en un contexto desafiante.

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